¿Cuál es el objetivo del riego?
No es lo mismo regar para mantener el estado de un jardín ya establecido que regar para favorecer el arraigo de una plantación nueva. Los sistemas de riego para plantas en periodo de arraigo suelen necesitar más frecuencia y menor caudal por emisor que los diseñados para vegetación adulta.
Definir el objetivo antes de diseñar el sistema evita tener que modificarlo a los pocos meses de la instalación.
¿Qué tipo de suelo tiene?
El suelo arcilloso retiene más agua pero la absorbe más lentamente; el arenoso drena rápido y necesita riegos más frecuentes. Los suelos francos, intermedios entre ambos, son los más habituales en jardines residenciales.
Puede hacer una prueba sencilla: tome un puñado de tierra húmeda y apriétela. Si forma una bola compacta y no se deshace, hay alta presencia de arcilla. Si se desmigaja fácilmente, predomina la arena.
¿Qué presión tiene la red de agua?
La presión disponible en el punto de conexión al suministro determina qué emisores son viables. Los aspersores de largo alcance requieren presiones más elevadas que los difusores o los goteros. Si la presión es baja, hay soluciones que incluyen sistemas de bombeo o la limitación del alcance de los emisores.
¿Hay zonas con necesidades distintas?
Un jardín suele tener áreas con distintas especies y exposición solar. Una zona de césped en pleno sol no necesita lo mismo que un rincón de sombra con plantas de sotobosque. Identificar estas zonas diferenciadas ayuda a dividir el sistema en sectores independientes, que es como funciona un diseño de riego bien planteado.